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Anatomía de Negocio
AlimentaciónEspaña

Qué pasó con Nueva Rumasa y los pagarés de Ruiz-Mateos

El 23 de febrero de 2009, los grandes periódicos salieron con un anuncio a doble página: préstenos su dinero un año y se lo devolvemos con un 8 % de interés, con los flanes Dhul y las natillas Clesa de garantía. Lo firmaba José María Ruiz-Mateos, el hombre al que el Gobierno había quitado Rumasa ese mismo día, veintiséis años antes. Más de cuatro mil personas le dieron sus ahorros, y la mayoría no los ha vuelto a ver.

5 de octubre de 20268 min de lectura10 fuentes

El hombre que se compraba bancos

Ruiz-Mateos, hijo de un bodeguero de Rota, fundó Rumasa en 1961 con 300.000 pesetas y siete obreros, decía. Su gran idea fue comprarse un banco: si el banco es tuyo, el dinero te lo adelantas tú. Compró bancos pequeños, muchos con problemas, y con su dinero compró empresas en apuros. Entre los empresarios le llamaban «el carroñero». En 1983 tenía dieciocho bancos, Galerías Preciados, Loewe, hoteles, bodegas y las Torres de Colón: unos 65.000 empleados en más de 230 empresas.

Pero el Banco de España llevaba tiempo avisando de una costumbre de la casa: los intereses de los créditos viejos se pagaban pidiendo créditos nuevos. La frase volverá.

La noche de la expropiación

En 1983, Miguel Boyer, ministro de Economía de Felipe González, quería ver las cuentas de Rumasa, que acababa de despedir a sus auditores. Amenazó con mandarle inspectores, hubo colas en sus bancos y la noche del 23 de febrero el Gobierno expropió Rumasa por decreto: debía mucho más de lo que tenía, alegó, y su caída arrastraría a los ahorradores. A los dueños les pagó cero pesetas.

Él dijo que le habían robado una empresa sana por política. El Constitucional avaló la expropiación por un solo voto, y a él, al final, lo absolvieron. Para muchísima gente pasó a ser el hombre al que el Estado se lo había quitado todo.

Peluca, puñetazo y Superman

Y se encargó de que nadie lo olvidara. En 1988 se escapó de la Audiencia Nacional por la puerta principal, con peluca, gafas de sol y gabardina; cuentan que en un semáforo gritó al coche de al lado: «¡Me he escapado!». En 1989 esperó a Boyer a la salida de un juzgado y le lanzó un puñetazo al grito de «¡que te pego, leche!». Semanas después sacó más de 600.000 votos en las europeas, con un escaño que le daba inmunidad. Y en 1992, con 61 años, se plantó vestido de Superman a la puerta de los juzgados.

Se disfrazaba, explicó años después, para que los medios no tuvieran más remedio que sacarlo. No era locura: era publicidad.

Por eso compró el Rayo Vallecano en 1991: con un equipo sales en la tele todos los domingos. En 1994 puso de presidenta a su mujer, Teresa Rivero, que había visto un solo partido en su vida, y la camiseta se llenó de las marcas de la familia.

Un segundo imperio sin banco propio

En los noventa ya había otro imperio: Nueva Rumasa, dirigida por él y seis de sus hijos. Esta vez, cosas de comer: Dhul, los bombones Trapa y, desde 2007, Clesa y Cacaolat, por cuyo grupo pagó 188 millones de euros. Solo que ahora no tenía bancos propios que le prestaran.

A principios de 2009, en plena crisis, tenía que devolver casi 400 millones de euros en dos años, y los bancos ya no le daban más crédito. Ese febrero escribió al banco que más le había prestado que mucho de lo que el grupo contaba en los medios era marketing. Y añadía: «A veces es bueno aparentar, de cara a sostener un clima de confianza».

Los pagarés y la piscina sin socorrista

Sin bancos, le quedaba lo que mejor sabía hacer: anunciarse. El anuncio enseñaba un grupo que decía valer 3.000 millones de euros, y a cambio del dinero daba un pagaré: un «te debo» por escrito, que vale lo que valga la palabra del que lo firma.

La condición curiosa era el mínimo: 50.000 euros. La ley funcionaba como una piscina con socorrista. Si una empresa te pide cinco mil euros, la CNMV revisa antes lo que promete. Si pide 50.000 por cabeza, la ley daba por hecho que sabes nadar y dejaba al socorrista en la orilla, sin poder revisar ni prohibir nada. Pedían más dinero para que los vigilaran menos, y no es una sospecha: lo dice la sentencia de la Audiencia Nacional. La CNMV publicó siete avisos en su web, contra anuncios en prensa y televisión semana tras semana.

Las garantías eran dos. Una, que respondían Dhul y Clesa; años después se supo que, entre deudas y avales, a cada una le faltaban más de 600 millones de euros. La otra, el brandy de una bodega del grupo: un anuncio lo valoraba en 1.200 millones y, a los pocos días, otro en 3.420. Esa segunda tasación la firmaba un periodista gastronómico.

Y la gente puso el dinero. «Son marcas de toda la vida», explicó un hombre que metió los ahorros de su madre, de 85 años. Gabriel, de Carabanchel, contó en televisión que con 23 años puso 60.000 euros: sus ahorros de una imprenta y la indemnización por la muerte de su madre. Para la ley, Gabriel sabía nadar.

Al principio se pagaba. Pero el interés fue subiendo, del 8 % al 10 % y al 12 %, y en 2010, dice la sentencia, ya se firmaban pagarés nuevos para sustituir a los que no se habían podido pagar. Lo viejo con lo nuevo, como avisaba el Banco de España casi treinta años antes.

50.000 €Inversión mínima, fijada para esquivar el control de la CNMV (Audiencia Nacional, 2025)
4.110 personasInversores como mínimo, según los propios responsables del grupo (Audiencia Nacional, 2025)
337 millones €Dinero captado con los pagarés, según los propios responsables (Audiencia Nacional, 2025)
96 millones €Lo que llegó a pagarse de 385 millones prometidos con intereses: una cuarta parte (Audiencia Nacional, 2025)
82,4 millones €Salidos de las cuentas en efectivo, con destino desconocido casi por completo (Audiencia Nacional, 2025)

La segunda caída

El 17 de febrero de 2011, diez empresas del grupo comunicaron al juzgado que no podían pagar. Ruiz-Mateos prometió pagar «hasta la última peseta», que llevaba nueve años sin existir. En mayo, la familia vendió el Rayo por 961 euros, con sus deudas dentro; diecisiete días después, el club subió a Primera.

El día que él cumplió 80 años, los trabajadores de Clesa, que llevaban meses sin cobrar, le cantaron el cumpleaños feliz a la puerta de su mansión. En septiembre, la familia vendió las empresas a un supuesto especialista en reflotar negocios, a un euro cada una. Según la sentencia, era para poner el patrimonio a salvo de los acreedores.

Lo que dijeron los jueces

Ruiz-Mateos le dijo al juez que toda la responsabilidad era suya, y no de sus hijos. Murió en 2015, con 84 años, sin que llegaran a juzgarlo por los pagarés.

En el juicio, sus seis hijos dijeron que todo lo decidía su padre. Uno resumió que el único consejo de administración eran «mi padre y el espejo». El tribunal contestó que eran hombres adultos, con estudios universitarios, y que las firmas de los pagarés eran las suyas. En mayo de 2025, la Audiencia Nacional los condenó por estafa, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes a siete años y cuatro meses de cárcel cada uno, con la pena rebajada por lo mucho que se tardó en juzgarlos. Esa sentencia no es firme: está recurrida ante el Tribunal Supremo.

A Teresa Rivero no la condenaron por los pagarés. Su condena firme es de otra causa: siete años por defraudar a Hacienda más de 8 millones de euros en impuestos del Rayo. Ella dijo que de las cuentas no sabía nada. No hay noticia de que haya entrado en prisión.

Las marcas siguen en el supermercado, en otras manos y sin relación con los pagarés. Lo que no ha vuelto es el dinero. Los administradores que el juzgado puso al frente de la vieja Dhul lo resumieron en el juicio: «No se va a pagar nada».

  1. 1961Ruiz-Mateos funda Rumasa en Jerez
  2. 1983El 23 de febrero, el Gobierno expropia Rumasa por decreto
  3. 1988Se escapa de la Audiencia Nacional con peluca, gafas de sol y gabardina
  4. 1991Se queda con el Rayo Vallecano; en 1994 lo preside Teresa Rivero
  5. 2009El 23 de febrero, Nueva Rumasa publica los primeros anuncios de pagarés
  6. 2011El 17 de febrero, diez empresas del grupo comunican que no pueden pagar
  7. 2015Muere a los 84 años sin ser juzgado por los pagarés
  8. 2025La Audiencia Nacional condena a sus seis hijos; la sentencia está recurrida

Las señales

Lo viejo se pagaba con lo nuevo, dos veces. El Banco de España lo avisó con los créditos de Rumasa, y la sentencia lo describe en 2010 con los pagarés.

Los bancos ya habían dicho que no. Una empresa sana se financia en el banco por bastante menos de un 8 %. Si te pide el dinero a ti, y pagando más, la pregunta no es cuánto vas a ganar, sino por qué el banco no se lo da.

Un interés que sube no es generosidad, es prisa. Del 8 % al 10 % y al 12 %.

El mínimo de 50.000 euros no daba categoría: quitaba el socorrista. Los avisos de la CNMV decían que aquella información no pasaba por su control.

Garantías que nadie podía comprobar. Un brandy que casi triplicó su valor en unos días, tasado por un periodista gastronómico. Que una marca sea de toda la vida no dice nada de sus cuentas.

Fuentes

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