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Anatomía de Negocio
TecnologíaEstados Unidos

¿Quién paga ChatGPT? Nvidia, OpenAI y un aval de 105.000 millones

Alguien le preguntó a Sam Altman, el consejero delegado de OpenAI, cuánto les costaba que la gente le escribiera «por favor» y «gracias» a ChatGPT. Contestó: «decenas de millones de dólares bien gastados». Si cada gracias cuesta dinero y casi nadie paga, la pregunta es sencilla, aunque la respuesta no lo sea: ¿quién paga tu pregunta?

28 de septiembre de 20268 min de lectura12 fuentes

Un horno encendido un segundo, por 900 millones

Cada pregunta gasta, según el propio Altman, la electricidad de un horno encendido algo más de un segundo. Parece nada, hasta que se multiplica por los más de 900 millones de personas que usan ChatGPT cada semana. Y la gran mayoría no paga ni un euro. Ni siquiera los que pagan salen siempre a cuenta: en enero de 2025, Altman confesó que perdían dinero con ChatGPT Pro, el plan de 200 dólares al mes.

ChatGPT nació a finales de 2022 como una prueba, gratis «durante la fase de investigación». La investigación debe de ir para largo, porque la versión gratis sigue ahí.

Vender mucho no es lo mismo que ganar dinero

Lo que OpenAI sí cuenta, y con gusto, es lo que ingresa: en marzo de 2026 dijo que ya facturaba unos 2.000 millones de dólares al mes. Es una barbaridad, pero se queda corto. Cada respuesta sale de naves enormes llenas de ordenadores con chips carísimos, y Altman escribió que se habían comprometido a gastar en ellos unos 1,4 billones de dólares en ocho años. Billón en español: un millón de millones.

Lo que no cuenta es cuánto pierde: no cotiza en bolsa y no tiene por qué. Toca mirar las cuentas de su socio, que sí está obligado a enseñarlas.

Microsoft es dueña de un buen trozo de OpenAI y apunta su parte de lo que gane o pierda. Es como compartir piso: aunque la factura de la luz llegue a nombre de otro, a ti te toca tu parte. En el trimestre de julio a septiembre de 2025, la parte de Microsoft fue una pérdida de 4.100 millones de dólares. Y era solo su trozo: el agujero entero tenía que ser bastante más grande. Hacía falta que alguien pusiera mucho más dinero.

900 millonesPersonas que usan ChatGPT cada semana (OpenAI, febrero de 2026)
2.000 M$Lo que OpenAI dice ingresar cada mes (OpenAI, marzo de 2026)
4.100 M$Parte de Microsoft en las pérdidas de OpenAI en un trimestre (Microsoft, 10-Q a 30 de septiembre de 2025)
24.100 M$Lo que Microsoft ingresó de OpenAI en un año (Microsoft, 10-K a junio de 2026)
105.000 M$Tope del aval de Nvidia si OpenAI no paga el alquiler de sus naves (Nvidia, 8-K del 17 de agosto de 2026)

El panadero que te pone el dinero para que le compres el pan

Aquí entra Jensen Huang, que fundó Nvidia en 1993. Si en casa hay una Nintendo Switch 2, dentro lleva un chip suyo. Esos chips son también el corazón de ChatGPT: OpenAI dice que Nvidia es la base de toda su infraestructura.

El 22 de septiembre de 2025, Nvidia y OpenAI anunciaron un acuerdo: OpenAI llenaría sus naves de chips de Nvidia, y Nvidia invertiría en OpenAI hasta 100.000 millones de dólares. Dicho despacio: el que vende los chips pone el dinero del que se los compra.

Imagina una bocadillería de barrio. El panadero de la esquina te pone el dinero para arrancar, a cambio de un trozo del negocio y con una condición: el pan se lo compras a él. Le compras el pan con su propio dinero, y él apunta en la libreta que ha vendido muchísimo y la enseña por todo el barrio, porque cuanto más vende, más parece que vale su panadería. Todo es verdad y nadie ha hecho nada ilegal. A esto lo llaman financiación circular.

Lo que la libreta no cuenta es que el dinero de ese pan era del propio panadero. Mientras la bocadillería crezca, todos contentos. Si un día cierra, el panadero pierde dos veces: el cliente y el dinero.

A los que hablan de burbuja, Huang les contesta: «Desde donde estamos nosotros, vemos algo muy distinto». Puede que tenga razón.

Pero había letra pequeña. Aquello no era un contrato, sino una carta de intenciones: un «a ver si un día de estos te invito a cenar». Semanas después, en las cuentas que entregó a la SEC, el vigilante de la bolsa de Estados Unidos, la propia Nvidia lo dejó por escrito: no había ninguna garantía de que se firmara un acuerdo definitivo ni de que la inversión llegara a hacerse. En febrero de 2026 sí llegó dinero de verdad, aunque bastante menos: 30.000 millones, junto a Amazon y otros inversores. Para una cena entre amigos, tampoco está mal.

No es un panadero: es toda la calle

Dos semanas después del anuncio de Nvidia, su gran rival, AMD, firmó su propio acuerdo con OpenAI. Le da derecho a quedarse con acciones de AMD casi gratis, a un céntimo cada una, a cambio de que OpenAI le compre chips. Es la panadería de enfrente, que para llevarse al cliente le paga con trozos de su propia tienda.

¿Y el compañero de piso? Microsoft paga su parte de las pérdidas, pero también cobra a OpenAI: le alquila ordenadores y se lleva una parte de sus ventas. En su ejercicio de julio de 2025 a junio de 2026, eso sumó 24.100 millones de dólares, el doble de los 11.900 millones que había desembolsado en OpenAI desde el principio.

Todo consta en documentos oficiales. El problema no es que sea mentira, es que toda la calle depende de la misma bocadillería. Si sigue vendiendo cada vez más, ganan todos. Si se para, se para la calle entera.

La red de seguridad que no iba a poner el gobierno

En noviembre de 2025, la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, habló en público de una red de seguridad del gobierno para sus préstamos, según recogió la prensa. Esa misma noche rectificó: OpenAI no buscaba ningún respaldo del gobierno. Al día siguiente, Altman lo remató: «Si metemos la pata y no sabemos arreglarlo, deberíamos caer».

El 17 de agosto de 2026, Nvidia presentó otro papel ante la SEC. Esta vez no es una carta de intenciones, sino un acuerdo definitivo. Va de unas naves gigantescas en Ohio que OpenAI alquilará durante veinte años y que solo tendrán ordenadores de Nvidia. Si OpenAI se declara insolvente o deja de pagar el alquiler, Nvidia pondrá lo que falte, hasta un máximo de 105.000 millones de dólares.

Quien avala a OpenAI no es un banco ni un gobierno: es la empresa que le vende los chips. Un aval no significa que OpenAI vaya a quebrar; se firma precisamente por si acaso. Pero la red que no iba a poner el gobierno la ha puesto el panadero. Ya no solo te pone el dinero y te vende el pan: también te avala el alquiler del local.

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Entonces, ¿quién paga tu pregunta?

De momento, los inversores, que ponen su dinero pensando que algún día esto dará beneficios. Y desde este verano, un poco también tú: OpenAI anunció en agosto de 2026 que llevaba los anuncios a la versión gratis en España. «Gratis durante la fase de investigación» ya tiene continuación: gratis, pero con anuncios.

Hay una tercera forma, más discreta. En los fondos que copian el índice MSCI World, que compran un poquito de las grandes empresas del mundo a la vez, más de nueve de cada cien euros estaban a finales de agosto de 2026 en Nvidia y en Microsoft. Quien tenga ahorros ahí también vive en esta calle.

El propio Altman se lo dijo a un grupo de periodistas en agosto de 2025: alguien va a perder una cantidad fenomenal de dinero, y no saben quién. Puede que no pase nada y que las cuentas acaben cuadrando. Pero si el panadero te pone el dinero, te vende el pan y te avala, sus ventas no dicen cuánta hambre hay en el barrio.

Las señales

  • Los ingresos se anuncian; las pérdidas, no. OpenAI presume de 2.000 millones al mes, pero la pista de lo que pierde estaba en las cuentas de Microsoft, que tiene que apuntar su parte.
  • Cuando el proveedor financia al cliente, sus ventas dicen menos. Si Nvidia pone el dinero con el que OpenAI le compra chips, parte de esas ventas vuelve a casa.
  • Una carta de intenciones no es un contrato. Los 100.000 millones salieron en los titulares; el «no hay ninguna garantía», semanas después en las cuentas de Nvidia. Llegaron 30.000.
  • Toda la calle depende del mismo cliente. Nvidia invierte, AMD paga con acciones a un céntimo y Microsoft cobra 24.100 millones al año. Si OpenAI se para, el golpe no se queda en una empresa.
  • Mirar quién avala. El 8-K del 17 de agosto de 2026 dice más que cualquier nota de prensa: el respaldo que OpenAI no pedía al gobierno lo pone su proveedor.

Fuentes

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